jueves, 21 de julio de 2011

Can fabes





La verdad es que no sé muy bien cómo enfocar este post, incluso no tengo demasiado claras las conclusiones que saqué de la experiencia.

Me gustó, y mucho, pero no sé si tanto como debiera, como me hubiese gustado, no sé si es porque en el fondo, cada vez más en el fondo, sigo creyendo que en un restaurante así hay que buscar ese plus, enamorarse y poder morir tranquilo después de una comida, en este caso, quiero otra comida por favor.

Y me refiero a ese plus, como un plus estrictamente de cocina, porque el resto de elementos que componen una experiencia así está al más alto nivel que yo conozco, desde que entras por la puerta hasta que te vas parece que entras en otra dimensión, en otro concepto de restaurante, en otro ambiente, en otro mundo, eso sí que me enamoró y desgraciadamente el resto de restaurantes que me quedan por conocer me temo que inevitablemente saldrán mal parados.

Igualmente no puedo parar de pensar en cómo sería esa cocina cuando el señor Santamaría estaba detrás de esos maravillosos fogones(no en sentido estricto, porque seguro que no “cocinaba”), en lo que me perdí, en que quizás no me haya perdido nada, quién sabe????

Me da enorme pena escribir esto que voy a hacer por que no sé porqué, pero le tengo simpatía a ese restaurante, de algún extraño modo me enganchó y no por ser mi mejor comida ni mucho menos. Fuimos a cenar un día por semana, de julio y éramos 3 mesas solamente, llamé a la hora de comer del mismo día para hacer la reserva con la convicción de que sería imposible ir a comer en todas las vacaciones, pero no había problema si quiera para el fin de semana, ojalá me equivoque porque de esto no tengo ni idea, pero no sé lo que lo podrán aguantar sin el nombre de Santamaría …

El restaurante está en un pueblo normal, no destaca especialmente por nada, está como el Calatrava en medio de Oviedo, lo mismo, la preciosa masía catalana esta rodeada de otras no tan majestuosas y metida como a calzador, el entorno no es bonito, no hay vistas, no hay nada, pero tampoco se necesitan, la magia esta de puertas adentro.

Llama la atención la fachada principal del restaurante, con sus luces que cambian de color en plan modernista, violeta, verde etc.

Como yo no tenía programada la visita y fue fruto de un calentón, no tenía en la maleta ni un solo pantalón largo. Al hacer la reserva y como ya me olía el tema, dije que estaba de vacaciones, de paso, y que no tenía ropa adecuada, sólo tenía chanclas y pantalones cortos, que ignorana si supondría un problema.

La amable persona que me cogió el teléfono y gestionó la reserva pronto lo solucionó y con el mayor espíritu de solucionar problemas que conozco me dijo que si yo no tenía problemas en la casa me dejaban la ropa adecuada, que todo se soluciona, que no me preocupe.

Al llegar con mis chanclas de 1 euro del primark y mis pantacas de 3, me dejaron unos pantalones adecuados y me llevaron a un vestidor, me cambié y nos acompañaron a la mesa.

Una preciosa mesa en un íntimo comedor de madera y piedra separado del resto por una puerta de cristal con capacidad para dos mesas, inmejorable para la ocasión.

Luego, al finalizar, haríamos una visita guiada por todo el restaurante, por las cocinas, bodega, salas, todo, impresionante, sólo la zona de la cocina de panadería y pastelería es mayor que la mayoría de los pisos en los que vivimos.

A un cocinillas, cotilla de cocinas como yo, siempre se le van los ojos a la cocina, donde se veía trajinar al que creí reconocer como Xavier Pellicer que entiendo es quien lleva las riendas ahora.

En la posterior visita a la cocina, el amable personal nos mostraba una mesa en la que si lo deseas se puede comer, sacrificas un poco la comodidad y el silencio por vivir la cocina, en ese momento se me cayeron las pistolas al suelo y sólo pude decir, eso decirlo antes hombre!!!! Al reservar por dios!!!!! Me hubiera encantado comer allí, yo habría disfrutado como un auténtico enano, una pena y lástima porque no creo que vuelva al restaurante, ojalá que si, así que si alguien tiene prevista la visita (don danin) y no le incomoda el trajín de la cocina, creo que será una experiencia insuperable.

Bueno, volvemos a la mesa en la que nos acomodaron, los ojos se van a un precioso plato base que preside la mesa, con el logo del restaurante, no hay detalle que falte en toda la visita, es increíble.

Nos traen la carta, preciosa, artística y escasa y preguntan si queremos tomar algo antes, un aperitivo o algo, le pregunto si tienen carta de cervezas, me dice que no, pero que tienen una artesana y me hablan un poco de ella, me convence y disfrutamos de una buena cerveza rubia tipo lager, turbia y con personalidad, evidentemente sin filtar y curiosamente desplegando un monton de aromas poco característicos de las cervezas, un amargor brutal y una final muy seco, una pena no recordar que cerveza era, solo recuerdo que era de Rubí. Desde aquí reivindico la buena cerveza en la alta restauración, tiene su espacio y es una tarea pendiente.

Yo tenía claro que quería el menú de verano, nos toman nota y a velocidad de vértigo empiezan a desfilar los aperitivos.

Para ser más exactos, antes llega (cómo no…) una mantequilla, neutra, poco que decir, ahí se quedó.

Los guiños a la cocina francesa son constantes, tanto en sala como en cocina, este no es un restaurante al uso, normal, como otros, es el último gran restaurante.

Todos y cada uno de los platos vienen tapados con una “campana” de esas, siempre vienen dos camareros y más coordinados que un equipo de natación sincronizada, levantan las campanas a ritmo de un chin y muestran el plato, parecen el box de red bull cambiando ruedas.

Es curioso ver a un servicio tan joven seguir esos rituales tan “antiguos”, a mí personalmente me gusta un poco más de informalidad, no tanta rigidez en las formas, pero he de reconocer que me cautivó este restaurante, este personal y esta sala.

A la postre, en la factura observo cómo hay 12 euros por persona en concepto de mantequilla, pan y aperitivos, esto es un eterno debate, así que os lo dejo a vosotros.

Pronto llega el pan, el sufrido camarero viene carretando casi al hombro una gigantesca cesta de pan, pan que elaboran en la casa todas y cada una de las mañanas, un espectáculo, da gusto ver y estar en un restaurante que da la importancia que se merece al pan, pan que solo venía ligeramente penalizado por el paso de las horas, no me quiero imaginar lo que debe ser esa cesta a la hora de comer…

Había pan de leche, de pagés, espiga de maíz, baguette, de aceitunas, coca de aceite, 5 cereales y seguro que se me olvida alguno, como no nos pudimos decidir por uno, nos prepararon una pequeña degustación de todos, impresionantes todos.

Destacar el trabajo extra que supone para una cocina elaborar su propio pan, muchas horas ahí detrás, mucha dedicación, gracias.

También llega un platín con aceite, al igual que cuidan el pan, descuidan el aceite, te ponen el platín ahí no te dicen nada, ni que tipo de aceite ni nada, le pregunto al camarero y me cuenta 4 nociones básicas sobre que es un aceite exclusivo de la casa y bla bla bla.

Empezamos con los aperitivos, un poco embarullado todo ya que traen varios simultáneamente, yo preferiría uno a uno y dando al comensal el correspondiente tiempo para disfrutarlo. Igualmente me hubiera gustado que nos acompañara durante la cena el menú escrito para no perderte por los platos.


En primer lugar aparecen 4 mini aperitivos, Mousse de mozzarella y tomate confitado a la albahaca, gelatina de PX, otro de bacalao que no recuerdo y una tartaleta de hamburguesa de bonito, correctos todos ellos y perfectos para empezar a hacerte una idea de lo que está por llegar.

Llega nuestra versión del pan tumaca y a la vez la navaja, pil pil de albahaca y manzana.

El primer aperitivo es una galleta en cuyo interior se aprecia un buen aceite de oliva, una gelatina de agua de tomate y un maravilloso jamón extremeño del que creo que es el más caro del mundo, el de Maldonado.

La navaja me decepcionó un poco, el producto podría ser de más calidad, era pequeña y no decía demasiado, nada que ver por ejemplo con las navajas del corral del indianu.

El resto del plato intuible con el nombre, un pil pil sutil y ligero y un poco de manzana para refrescar.

Antes de acabar el último bocado de estos aperitivos, ya traen otros dos, cucharada de ostra con carrillera y tendón de ternera y el tartar de serviola con cereza macerada y oporto.

La ostra se convirtió en uno de esos selectos platos que pasan a formar parte para siempre de ese pequeño grupo que siempre recordarás. Una ostra de una calidad superior, perfecta de punto y un fondo meloso, gelatinoso, sabroso, que no está al alcance de cualquiera. Sinceramente me recordó mucho no, muchísimo, al fondo de un plato del Celler con oricios, aquel era sólo de tendones. Es un plato para amantes de los sabores.

El tartar de pez limón es eso, un tartar de este gran pez azul, no tan sabroso como otros azules, más delicado, parecido a la corvina (no a esa mierda que venden ahora de pisci), una típica cereza macerada y un ligero gusto a oporto, igualmente muy intuible, nada sorprendente, pero el conjunto funciona bien.

Llega el primer plato del menú, bullabesa con algas y berberechos-perfume de pastis.

En primer lugar, no soy demasiado objetivo porque odio ese licor francés anisado llamado pastis, evidentemente tampoco me va el anis, pero el pastis….

Con lo cual me parece excesivo a todas luces abrir los berberechos en pastis, el anisado se impregna demasiado en los insuperables berberechos.

Una sopa fría de bullabesa, como decía el gran Escoffier “caldo de sol”, no es otra cosa que una sopa mediterránea de pescado ligeramente perfumada, de nuevo, guiño a la France.

Unas algas japonesas que no aportan más que en el plano visual, una gelatina de hinojo y una espuma de perejil y estragón.

Espárragos blancos-sabayón al jazmín.

El sabayón es una crema emulsionada de yema de huevo, en este caso perfumada con jazmín, excesivamente perfumada para mi gusto, ese aroma tan floral domina el plato, lo invade, lo hace hasta incomodo.

Y si fuera poco el sabayón, cuando te comía una flor de jazmín ya era como una bofetada, como beberte un bote de colonia, muy cara y de las güenas, eso si…

Los últimos espárragos de la temporada son otro cantar, ya puedo decir que comí espárragos con mayúsculas, un producto tan desconocido como interesante, una maravilla.

Cigala de Blanes-carbonara ahumada.

Platazo, así, sin más.

Una cigala sublime, insuperable, con un punto perfecto, vuelta y vuelta, poco hecha, tersa, dura, una explosión de sabor, apuesto a que pocas horas horas antes andaba cigaleando por las aguas de Blanes.

Al lado, una “sencilla” emulsión de carbonara con un punto ahumado perfecto, sublime el plato.

Cabra de mar-como una creme brúlee y caviar. Más Francia, en este caso adaptando un fantástico postre a un plato salado.

Presentan el plato como centolla, nata con carne de centolla desmigada, manzana verde en aceite de finas hierbas y caviar imperial.

No soy demasiado amigo de la nata y mantequilla en la cocina (salvo para los postres), pero prometía este plato, cuando lo vi me pareció de lo más apetecible.

Al probarlo la cosa fue un poco decepcionante.

Yo entiendo que si el nombre del plato empieza por la palabra centolla, pues mi cerebro inevitablemente espera encontrar centolla, sabor a centolla, y en este caso era de lo más sutil, si no te lo dicen no lo dirías jamás, un pobre ignorante como yo por lo menos.

El resto del plato bien, pero de centolla nada de nada.

Tal vez sea que estas cabras de mar no sean como nuestros bravos centollos del cantábrico, son una especie mediterránea de crustaceo muy parecido visualmente al centollo y por lo que pude probar mucho menos sápido.

Ah, el caviar una cosa de otro planeta…bufff

Pescado de la lonja, calabacines tiernos y almendrucos.

La lonja de Blanes quiso obsequiarnos ese día con un magnífico ejemplar de mero negro, una especie desconocida para mí.

Su cocción perfecta, poco hecha, su tostado, punto impecable, ASI y con mayúsculas es como me gusta el pescado.

Acompañaba una tempura muy fina de flor de calabacín, maíz tierno y una emulsión de almendra tierna.

Aquí huyen de la palabra espuma como de la pólvora, todo son emulsiones jeje.

Este plato lo componían dos partes, una es esta que os cuento y otra era una fina y delicada crema de la misma flor de calabacín, para acabar con ella después del plato principal de pescado.

Cordero lechal de la Cerdaña-albaricoques y cuajada perfumada.

Los guiños al producto local son constantes, me gusta. La Cerdanya es una zona de Cataluña.

Poco que decir de la carne, perfecta de punto, sabrosa, tierna, lechazo, nada sorprendente, acompañaba un fondo de su propio jugo muy correcto, albaricoque asado y pan de especias.

Resaltar el albaricoque asado, va perfecto con el lechazo, un buen matrimonio.

Aparte y dentro del mismo plato sirven una cuajada de leche de oveja con las mollejas del cordero.

La idea es genial, una fresca cuajada que ayuda a limpiar tanta grasa del lechazo, el único problema es que cuando masticas un trozo de molleja más que limpiar el paladar lo inunda más aun de una grasa muy persistente.



En este momento nos cambian el precioso plato base, a mí me da pena porque es precioso, pero nos traen otro para el apartado dulce de la comida.

Quesos Fabes.

Aquí tuve mala suerte, me pusieron un queso que estoy cansado de comer, un azul fácil de leche cruda de vaca y pasta no prensada, es un fourme d’ambert, a mis dos pequeñas bestias les encanta.

Me consta que en esta casa dan una gran importancia a los quesos, cosa que agradezco y valoro enormemente, solo con ver la parte de la cocina que tienen para los quesos, como los conservan y demás, te haces una idea…un sueño y una envidia para el resto de restaurantes.

Un prepostre, sorbete de melocotón, espuma de tomillo, crema de zanahoria y naranja y en el fondo una gelatina de maracuyá.

Cumple su función a la perfección, ya tenemos el paladar en perfecto estado de revista para enfrentarnos a lo que queda por llegar.

Frutos rojos, tártaro de fresón, aceite de oliva y pimienta.

Poco novedosa combinación, me dejó un poco frío el postre y siendo el único del menú más aun, por no hablar que no me parece muy equilibrado un prepostre de fruta y un postre de fruta.

Acompañaba un vasito helado con el propio jugo de los frutos rojos.

Ahora llega un post-postre

Un vasito muy agradable que calmó un poco mis instintos más llambiones, creo recordar que algo con toffe o similar

Acabamos con una selección de pequeños dulces, sin duda alguna los mejores petits fours que vi en mi vida, a estas alturas ya pensaba que poner un solo postre era un acierto.

No hablamos nada del vino, con mucha diferencia y en mi humilde y poco formada opinión, aquí disfrute del mejor servicio de vino de mi corta vida.

El sumiller, Juan Carlos Ibáñez, es el mejor profesional que conozco.

Aparte de la carta de vinos, cada semana presenta en una libreta escrita a mano, una selección de vinos recomendados por la casa, varios de ellos embotellados exclusivamente para el restaurante.

Como no podía ser de otra forma tiré para mi segundo amor, la riesling, eligiendo esta vez un vino quo estoy seguro no olvidaré, un Dr. Bürklin Wolf vendimia tardía (spatlese) pero tocken (seco).

Un vino del 99 que estaba en un momento impresionante aunque seguro que le quedaba vida por delante aun.

Tenía una acidez descomunal que podía con todo, no agachó la cabeza con ningún plato del menú y aunque la idea era pedir una copa de tinto para la carne tiramos hasta el final con él.

Qué color, qué nariz, qué vinazo, sencillamente exagerado.

Al principio estaba un poco cerrado y le costó abrirse, pese a que el sumiller no es muy amigo de decantar estos vinos, lo tuvo que hacer porque no acababa de abrirse, luego se quedó impresionado de lo que empezaba a dar el vino, y yo más, mucho más, un vino para no olvidar.

Destacar que todo este proceso lo hacía el sumiller en una mesa cercana a la nuestra, mostrando y explicando en todo momento lo que hacía, como lo hacía y porque lo hacía, cómo evolucionaba el vino, muy enriquecedor.

Y poco más que contar, al final de la cena nos enseñan el restaurante, cocinas y todo, todas las dependencias y entonces me quedo totalmente enamorado de la casa, es un sueño, esa cocina es aquella cocina a la que todas las cocinas quieren parecerse.

Creo que fue en el 2005 cuando la ampliaron y remodelaron, justo cuando pusieron las habitaciones del hotel.

Pues poco más, el lolo devuelve sus pantalones de pinza y vuelve a poner al aire sus peludas y gordas canillas y con gran pena y entre una abrumadora amabilidad se despide del personal y se va soñando despierto con lo maravilloso que es esto del comer.



jueves, 5 de mayo de 2011

El Brunch del Naguar





Después de varias comidas en el Naguar, ya tocaba conocer esta atractiva propuesta, el Brunch.
A un fartón como yo le traía por la calle de la amargura y tenía unas ganas locas de meterle mano.
Uno puede pensar que a esas horas, por la mañana, no le entra tanta comida en el cuerpo y demás, para mí, con gustos más europeos que españoles, es una brillante idea.
Para los que desconocéis esto del Brunch es una mezcla entre un desayuno (breakfast) y un almuerzo (lunch).
Es un concepto muy yanki, pensad que en esa sociedad y similares encaja como anillo al dedo, su ritmo de vida no es comparable al nuestro.
En España está muy poco introducido pero yo le auguro un éxito total, en pocos años será algo muy normal, sobre todo las mañanas de los fines de semana para recuperarse de los excesos nocturnos...

Resumidamente, el Brunch que ofrecen en Naguar se compone de bollería variada, repostería, chocolate, café, zumos, un plato salado y un postre, adicionalmente se puede tomar un Blody Mary y ya se puede decir que somos medio yankis ;-)

Sinceramente, me parece una maravilla, yo disfruté muchísimo y vale cada euro de lo que cuesta.
Son 22 euros y 25 con el Blody Mary al final o una copa de cava y se sirve de 11 a 13 solamente los domingos.
Se puede repetir cuantas veces quieras excepto del plato salado y del postre, aunque la cantidad que sirven es verdaderamente sobrada, excesiva diría yo.



A estas alturas seguro que la mayoría conocéis el local, no perderé tiempo en hablar de la decoración y demás, solamente resaltar la comodidad de los sillones, un auténtico lujo para pasar tiempo allí sentado, ojala estuvieran más extendidos en los restaurantes, frecuentemente se convierte en una tortura para el trasero y al espalda disfrutar de un menú largo, sin duda contribuyó a disfrutar tanto de la experiencia, un diez en ese sentido.
También en esta visita noté un incremento notable en el servicio y la atención, la maquinaria ya está perfectamente engrasada y el equipo parece consolidado, excelente, a la altura del local y de la cocina, todo fueron atenciones y profesionalidad y no siempre se lo pusimos fácil ya que íbamos con las dos fieras.



Empezamos con el agua y unos zumos, una botellina pequeña de mango, exquisito y una grande naranja recién exprimida.



En este caso, después de tomar mi café matutino, opté por el chocolate, un valrhona para amantes del chocolate.



Y por fin aparece uno de mis amores, el croisant, croisant de verdad, de mantequilla, perfecto, nada que ver con lo que se suele encontrar bajo ese mismo nombre.
Tambien una "napolitana" -por llamarla de alguna manera, por que nada tiene que ver con las industriales- prima del croisant, excelente.



Diversas tartas y bizcochos, avellana, chocolate etc etc, todos caseros y excepcionales, un lujo.



Una cestita de diversos panes recién horneados.



Mermeladas variadas.



Sirope de arce -sí, eso que vale para más cosas que para hacer extrañas dietas de adelgazamiento- y miel.
Insisto en que si alguien se queda con hambre hasta este punto se puede repetir de lo que se guste.



Por fin llega el plato salado, eramos 3 personas y hubo quorum, se puede elegir entre varios platos, pero mi amada hamburguesa ye mucha hamburguesa...
Qué decir de ella???
Noté el pan más tierno que en anteriores ocasiones, tal vez demasiado para mi gusto, me gusta el pan con personalidad.



De postre yo me decidí por la conocida tarta de naranja, me gusta mucho.



Por la otra parte de decidieron por la crema de arroz con leche y por los profiteroles.



A mí la crema de arroz con leche no me acaba de entrar, me parece lo más flojo de la oferta.
Estaba tan fartuco, exhausto de comer y entregado que no pude con el Blody Mary, así que lo tengo pendiente para otra ocasión.

No se que os parecerá, pero yo estoy naguando por volver.


miércoles, 6 de abril de 2011

Pisto con huevos


Hoy os voy a hablar de una de mis cenas habituales, un plato que me saca de más de un apuro cuando llegas a casa de trabajar sin ganas de ponerte a cocinar y sobre todo de manchar.
Siempre hago bastante cantidad y así siempre hay disponible.
A mí me gustan mucho las verduras crudas, pero este plato es una buena forma de comer verdura para la gente poco amiga de ellas.
Si ya son muy extremos, podemos poner un poco de panceta o jamón en el guiso, les gustará más...
En mi casa, cuando era pequeño, era una cena muy frecuente, mi atareada madre no lo hacía tan lentamente, tomaba atajos-lease tomate de bote, pero la idea es la misma.
Este plato se puede hacer de dos formas o con dos propósitos distintos, se puede hacer para comer un plato equilibrado y sano o se puede hacer para disfrutar realmente comiendo y elevarlo a la categoría de platazo.
Evidentemente si nuestra intención es la segunda, tendremos que poner un plus de nuestra parte, un plus muy asequible por otra parte.

Es un plato fácil donde los haya, sólo necesitamos dos cosas, buena materia prima y parar el reloj.
Parar el reloj todos excepto los más nerviosillos podemos, hacerse con buenos tomates ya es más difícil, pero se puede intentar, pronto rebuscando en nuestros mercados, aun quedan algunas joyas por ahí...recuerdo unos hace dos veranos a una paisanina en el mercao de grao que fueron sin lugar a dudas los mejores de mi vida, más de un kilo cada tomate


Hay mucha historia, leyenda y controversia alrededor del pisto, que quién lo "inventó", que qué ingredientes lleva, que si el tomate antes o después etc etc, que si la güela fuma, bobadas en mi opinión, el mejor pisto es el que más le gusta a uno, si a mí por ejemplo me gusta más con berenjena para mí ese es el mejor.
Yo suelo hacerlo con lo que tengo en casa, pero como más me gusta es con cebolla, pimiento verde y rojo, calabacín y tomate, ni más ni menos.



Básicos unos buenos tomates maduros, de calidad, carnosos, si partimos de un buen tomate maduro no tendremos problemas de acideces posteriores ni nada, el plato saldrá redondo.

Bien, empecemos con este sencillo plato, para ello sacaremos la pota mágica, que no es otra que mi deseada y preciosa lecruset, perfecta para este tipo de platos.
Cortamos los pimientos, cebolla y calabacín en "cuadradinos" bastante pequeños (ajo opcional), espero que se aprecie el tamaño en la foto, aunque el corte va en gustos, hay a quien le gusta encontrarse trozos más grandes en el guiso.



En la olla ponemos un hilo del mejor AOVE y ponemos las verduras que acabamos de decir.
Salamos para que vayan soltando el agua y ponemos a pochar a ritmo de armonioso chup chup bien tapadas, en estos momentos ya debimos de haber parado el reloj y el tiempo en nuestra cocina se detuvo.
Vamos a hacer otros platos, a limpiar la casa, a cambiar un pañal, a separar una pelea, a sacar al perro o al sofá a descansar, debemos dejar un buen rato ahí nuestras verduras.



Cuando haya pasado X tiempo (me niego a dar tiempos) añadimos el tomate que previamente habremos cortado del mismo modo que las verduras anteriores.
Al estar bien maduros necesitamos un buen cuchillo para ello, básico e imprescindible, de lo contrario destrozamos el tomate al cortarlo, esta operación lleva bastante tiempo si no estamos de ello.


Aprovecho la ocasión para enseñaros el último caprichín y que reservo para estos cortes tan precisos, un cuchillo cerámico que hoy por hoy corta como el mismo demonio, a ver como envejece...


Añadimos el tomate a la olla, volvemos a salar y tapamos de nuevo.
Como no arrancamos el tiempo, sigue parado, no hay prisas en nuestra cocina, sólo se respira paz y amor, volvemos a velocidad chup chup y nos entretenemos en lo que cada uno pueda, ojala sea sofá a descansar, en mi caso imposible jeje.



Lo tenemos ahí X, segundos, minutos, horas o días (de nuevo me niego a dar tiempos), la cocina empieza a oler a gloria, los recuerdos empiezan a florecer, salivamos, las simples verduras se están convirtiendo en algo mágico.



En la olla debería haber una importante cantidad de agua (líquido), entonces destapamos y subimos el fuego, que el agua evapore, las verduras acaben de confitarse y todos los sabores se concentren.
Recordamos que no añadimos líquido alguno, ni vino blanco ni nada, todo ese caldo es de las propias verduras.



Dejamos enfriar lentamente lentamente encima de la cocina y cuando este frío a la nevera a serenar toda la noche.
Al día siguiente calentamos y probamos a ver como está y rectificamos si es que procede, sal, azúcar, cosas raras... allá cada uno.
En las fotos vais viendo las distintas etapas del guiso según va pasando el tiempo, segundos, minutos, horas...

Como os dije hay muchas formas de hacer el pisto, a mi me chifla así, es como más me gusta y como mejor me sale a mí.
También se puede hacer la salsa de tomate por separado etc etc etc, por ejemplo, a mí no me gusta rallar el tomate, acabas mucho antes, pero no hay comparación.
También se pueden pelar y despepitar los tomates, yo personalmente como lo suelo hacer para mí y no me dedico a ello, no lo hago, no lo creo necesario, pero la calidad del plato mejoraría si lo hiciéramos, por supuesto.


Una vez tenemos nuestro pisto, nuestro tesoro, podemos reservarlo varios días en la nevera a la espera de poder emplearlo con mil y un platos, carnes, pescados, como plato propio, etc etc...o, simplemente con la mejor salsa del mundo.
Yo soy miembro del club del huevo y de la yema.
En este caso escalfé un huevo y lo puse toscamente encima, para que complicarse más?
Para escalfarlo puse a calentar agua en una olla de bastante diámetro, con un buen chorro de vinagre de sidra y sal abundante, esto es para que las proteínas del huevo "cuajen" antes, así coge forma primero.
Cuando el agua esté empezando a hervir, no puede haber brusquedades ni borbotones locos, con una cuchara o similar hacemos girar el agua como si estuviéramos revolviendo.
Abrimos nuestro huevo y lo ponemos en una taza o similar, algo con lo que podamos introducirlo en el agua delicadamente.
Cuando el agua esté girando como cuando se va por el agujero de la bañera, introducimos el huevo con delicadeza extrema y seguimos haciendo girar el agua.
Lo dejamos ahí hasta que veamos la clara cuajada.
Este de la foto no quedó muy guapo por las prisas, pero practicando salen unos huevos preciosos.
Al girar el agua el huevo adopta una forma muy "visual".
Y ya está el platazo, a mí personalmente me chifla este plato.
Espero que lo disfrutéis y no os volváis locos, no hay recetas mágicas para el pisto, sólo necesita tiempo, como casi todo en la cocina.


Y ahora en vez de música, ponemos un trailer de un peliculón, yo no tuve el placer de verla, pero autoridades en la materia que si acudieron invitadas al estreno me dijeron que está muy bien, toca un tema difícil, da un paso más allá y no entra en los malos tratos físicos, toca los psicológicos, tema mucho más complejo y para el que la sociedad aun está un poco verde, y es que no hace falta agredir físicamente a una persona para anularla, y eso también es violencia de género.
Deseo lo mejor para este joven artista de 22 años que a base de coraje pudo hacer la peli, le habían encargado un corto, pero le pareció imposible decir en un corto todo lo que había que decir, entonces fue de puerta en puerta mendigando dinero y al final pudo hacer la peli con 4 duros, pero ahí está.
Os animo a tratar de verla, todo el mundo debería de hacerlo.

Y más abajo otro vídeo del que obviaré hacer comentarios...